martes, 4 de agosto de 2020

El Problema de la Capital

EL PROBLEMA DE LA CAPITAL
                                                                                   

                                                         

"El anticentralismo de los regionalistas se ha traducido muchas veces en ANTILIMEÑISMO. 

Me parece útil completar mi  tentativa  de  esclarecimiento  del  viejo  tópico  "Regionalismo y Centralismo", planteando  el problema de la capital. ¿Hasta qué punto el privilegio de Lima aparece ratificado por la historia y la geografía nacionales? (...) La hegemonía limeña reposa  a  mi juicio  en un  terreno menos sólido del que (...) ,se supone. Corresponde a una época, a un periodo de desarrollo histórico nacional. Se apoya en razones susceptibles de envejecimiento y caducidad.   

El espectáculo del desarrollo de Lima en los últimos años, hace pensar en limeños optimistas sobre el futuro de la capital. Los barrios nuevos, las avenidas de asfalto, recorridas en  automóvil a  70 u 80 kilómetros persuaden fácilmente al limeño, de que Lima sigue a prisa el camino de Buenos Aires o Río de Janeiro. Esta previsión parte de la impresión física del crecimiento del área urbana. Se mira sólo la multiplicación de los nuevos sectores urbanos (...) quedando pronto unida con Miraflores y la Magdalena, quedando trazada (...) una  urbe de al menos un millón de  habitantes. Pero en sí mismo, el movimiento de urbanización no indica nada. La falta de censo reciente nos permite conocer con  exactitud del crecimiento demográfico de Lima. El censo de 1920 fijaba en 228 740 la población de Lima. Se ignora la proporción de aumento  en los  últimos  años; mas los datos  disponibles del crecimiento por natalidad como por  inmigración  indican  que  el  crecimiento  de la superficie de Lima supera exorbitantemente al crecimiento de la población. (...) El proceso de urbanización avanza por su propia cuenta.

El optimismo limeño respecto al  porvenir próximo de la capital se alimenta de la confianza de que ésta continuará usufructuando largamente las ventajas de un régimen centralista que  le asegura sus privilegios de sede del poder, del placer, de la moda,  etc.  Pero el  desarrollo  de  una urbe  no es  cuestión  de  privilegios  políticos y administrativos. Es  más  bien,  una  cuestión de privilegios económicos.(...) y lo que hay que  investigar es si el desenvolvimiento orgánico de la economía peruana, garantiza a Lima que su futuro será el que se predice.

Examinemos rápidamente las leyes de la biología urbana y veamos cuánto favorecen a Lima. Los Factores esenciales de la urbe son tres: el factor natural, el factor económico y el factor político. De los tres, sólo este último, conserva  íntegro  su potencia  en Lima. (...)  Lima no es, geográficamente, el centro de la economía peruana. No es, sobre todo, la desembocadura de sus corrientes comerciales. (...) Al contrario de Buenos Aires, Lima sólo es una de las desembocaduras de los productos peruanos. Por diferentes puertos de la larga costa peruana, tiene que salir los productos del norte y del sur. (...) El Callao se mantiene y se mantendrá por mucho tiempo en el primer puesto de la estadística aduanera. Pero el aumento de la explotación del territorio y sus recursos no se reflejará, sin duda, en provecho  principal  del Callao. Determinará el crecimiento  de varios otros puertos del litoral,  como es el caso de Talara, que gracias a la actividad petrolera, exporta e importa sin tener como intermediario a la capital.

Al echar una ojeada al mapa de cualquiera de las naciones cuya capital es una gran urbe de importancia internacional,  se observará que la capital es siempre el punto de encuentro y de conexión de todas las grandes vías como carreteras y ferrocarriles (...) una gran central ferroviaria. En el mapa ferroviario está marcada con claridad su FUNCIÓN DE EJE Y DE CENTRO. Todos los centros de producción tienden a espontánea y lógicamente a comunicarse con la capital, máxima estación y máximo mercado. Y el factor económico coincide con el factor geográfico.  

La capital no es un producto del azar. Se ha formado en virtud de una serie de factores que han favorecido su hegemonía. (...) La formación de toda gran capital moderna ha tenido un proceso complejo y natural con hondas raíces en la tradición. La génesis de Lima, en cambio, ha sido un poco arbitraria. Fundada por un conquistador, por un extranjero, Lima no gana su título de capital en oposición con otras ciudades. Criatura de un siglo aristocrático, nace con un título nobiliario. Se llama desde su bautizo, CIUDAD DE LOS REYES. Es la hija de la Conquista. No la crea el aborigen, la crea el colonizador, o mejor el conquistador. Luego el Virreinato la consagra como la sede  del poder español en América del Sur. Y, finalmente, la revolución de la Independencia (movimiento criollo y español, no indígena), la proclama Capital de la República, y desde entonces, todo ha girado en torno a ella.

(...) Lima debe hasta hoy al Ferrocarril Central una de las mayores fuentes de su poder económico. Los minerales del departamento de Junín pasan por Lima rumbo al Callao, y constituyen nuestra principal fuente de exportaciones, después del petróleo de Talara (...) El movimiento económico de la capital, se alimenta en gran parte, de esta vía de penetración. Todo el sistema ferroviario del Estado, tiende a convertirla en un gran tronco de nuestro sistema de circulación.               
                                                                 
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La industria es uno de los factores primarios de la formación de las urbes modernas. Londres, París, Nueva York, Berlín, deben su hipertrofia en primer lugar, a su industria. El industrialismo constituye un fenómeno específico de la civilización occidental. Una gran urbe es fundamentalmente un mercado y una usina. La industria ha creado primero, la fuerza de la BURGUESÍA, y, luego, la fuerza del PROLETARIADO. Y, como perciben  los economistas, la industria de nuestro tiempo no sigue al consumo. No le basta con satisfacer la necesidad; le precisa, a veces, crearla, descubrirla. (...) Ni la burguesía, ni el proletariado pueden concebir una civilización que no repose en la industria. Hay voces que pronostican la decadencia de la urbe. No hay ninguna que pronostique la decadencia de la industria.

Sobre el poder del industrialismo nadie discrepa. Si Lima reuniese las condiciones necesarias para ser un gran centro industrial, no sería posible dudar de su aptitud para convertirse en una gran urbe. Pero ocurre precisamente que las posibilidades de la industria en Lima son limitadas. No sólo porque en general, son limitadas  en el Perú -que por mucho tiempo todavía tiene que contentarse con el rol de productor de materias primas- sino, de otro lado, porque la formación de los grandes núcleos industriales tiene sus LEYES. Y estas "leyes" son, en la mitad de los casos, las mismas de la formación de las grandes urbes. La industria crece en las capitales, entre otras cosas, porque éstas, son el centro del sistema de circulación de un país. La capital es la usina porque es, además, el mercado. Una red centralista de caminos y de ferrocarriles es tan indispensable en la concentración industrial, como en la concentración comercial.      

La otra causa de gravitación industrial de una ciudad es su proximidad con el lugar de producción de las materias primas, especialmente en la industria siderúrgica, donde las grandes usinas surgen en las proximidades de las minas que las abastecen de minerales. La ubicación de los yacimientos de hierro y de carbón determina este aspecto de la geografía económica de Occidente. Y, en estos tiempos de electrificación del mundo, una tercera causa de gravitación industrial de una localidad es la vecindad de grandes fuentes de energía hidráulica (...) No es necesario casi ningún esfuerzo de indagación para darse cuenta que ninguno de estos factores favorece a Lima. El territorio que la rodea es pobre como suelo industrial.

(...) A causa de las deficiencias de su posición geográfica, de su capital humano y de su educación técnica, al Perú le está vedado soñar en convertirse, en breve plazo, en un país manufacturero. Su función en la economía mundial tiene que ser, por largos años, la de un país primario exportador (...) de economía colonial, endeudada a los intereses comerciales y financieros  de las grandes naciones industriales de Occidente. (...) Las finanzas, la banca, constituyen otro de los factores de una gran urbe moderna (...) un gran mercado financiero tiene que ser ante todo, un lugar en que se crucen muchas vías de tráfico internacional.       

La capital política y la capital económica no coinciden siempre, como ocurre en Italia o Estados Unidos por citar unos casos. (...) La suerte de la capital está subordinada a los grandes cambios políticos, como enseña la Historia (...) En Perú, Cuzco, capital del Imperio Incaico, perdió sus fueros con la conquista española ( 1 ),  Lima fue la capital de la Colonia.  Fue también la capital de la Independencia, aunque los primeros gritos de libertad  partieron de Tacna, Cuzco y Trujillo. Es la capital hoy, pero, ¿será también la capital mañana? (...) La respuesta depende, probablemente de que la primacía de la transformación social y política del Perú, toque a las masas rurales indígenas, o al proletariado industrial costeño. El futuro de Lima, en todo caso, es inseparable de la misión de Lima vale decir, de la voluntad de Lima."                                                                                                                                                                        
                ( 1 )  A diferencia de México, donde la nueva capital fue erigida en el mismo lugar  de la antigua, en lo alto de las montañas, como sus otras grandes ciudades, y donde el conquistador se fundió con el indio, dando origen a una cultura homogénea, en el Perú, no ocurrió así. El Perú serrano e indígena, el verdadero Perú, quedó tras los Andes Occidentales. Las viejas ciudades nacionales como Cuzco y Cajamarca, fueron relegadas. Se fundaron ciudades nuevas y españolas en la costa, donde nunca llueve, donde no hay cambios de temperatura donde pudo desarrollarse ese ambiente andaluz, sensual, de nuestra capital alegre y sumisa.
                                                                                
 



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Adaptado de José Carlos Mariategui, "7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana", Capítulo VI "Regionalísmo y Centralísmo", Lima, 1928